La mirada y la interpretación de Oscar Andrés De Masi, arqueógrafo

viernes, 25 de septiembre de 2015

Sepulcro de la marquesa pontificia María Unzué de Alvear





El sepulcro que guarda los restos de la marquesa pontificia María Unzué de Alvear, en la magnífica cripta de la Basílica dedicada a Santa Rosa de Lima, en la avenida Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires (proyecto del arquitecto Alejandro Christophersen).
La adquisición del terreno y la edificación del templo (de referencias bizantinas y neorrománicas, con un aire al Sacre Coeur de Paris) fue posible gracias a la enorme fortuna y a la munificencia de aquella dama sepultada en la cripta.

Es una tumba sencilla, con una lápida cuya epigrafía indica el nombre de la difunta, la fecha de su nacimiento (21 de noviembre de 1861) y la fecha de su muerte (18 de enero de 1950). Y debajo, la sigla  funeraria Q.E.P.D.

El relieve, por encima de la lápida, ejecutado en mármol de Carrara, representa la escena evangélica de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
A diferencia de Adelia María Harilaos de Olmos, sepultada en la Iglesia del Corazón Eucarístico de Jesús, M.U.de A. no consignó en su tumba su título de marquesa pontificia.

Aprovecho este viaje al sepulcro de M.U. de A. para contarte algunos datos de la Basílica dedicada a Santa Rosa de Lima.
Fue inaugurada el 12 de octubre de 1934 (en aquella época Colón no era una figura vergonzante...) y bendecida por el cardenal Eugenio Pacelli (luego Pío XII) que estaba en Buenos Aires como Legado Papal ante el Congreso Eucarístico Internacional que se celebraba en esos días.
Ya desde 1913 los vecinos de aquel barrio porteño tenían intención de adquirir un terreno y levantar un templo dedicado a Santa Rosa de Lima, la santa peruana que había sido declarada "Patrona de la Independencia argentina" por el Congreso de Tucumán, en 1816. Esta dedicación patronal del templo explica la presencia, en la fachada, del escudo peruano junto al escudo argentino. No dejes de observarlos.
Pero, fue decisivo el aporte, ya no de una patrona celestial, sino de una matrona terrenal, para obtener el terreno y levantar el templo. Me refiero, obviamente, a María Unzué de Alvear, sepultada en la cripta (no sin un episodio bizarro durante su funeral, que te contaré más adelante).
El proyectista del edificio fue el célebre arquitecto Alejandro Christophersen y es destacable la calidad constructiva y de detalle. La obra fue iniciada en 1926, de modo que tardó en ejecutarse unos ocho años.
Si me preguntás por el estilo, te diría que es una mezcla de románico y bizantino, con mucho de "neo" en ambos casos. Así operaba el gusto ecléctico en Buenos Aires. Tiene, sin duda, un aire  al Sacre Coeur de Paris.
En el exterior llama la atención el contraste de colores entre el muro de ladrillos y la cúpula central y las dos pequeñas cúpulas laterales.
El color verde de la cúpula se debe a que se colocaron tejas de cobre que fueron adquiriendo esa pátina verdosa. Tené presente que el cobre se oxida pero no se corroe, de modo que resulta un material virtualmente indestructible. ¡Bien pensado por el proyectista!
Si observás la espacialidad interior, verás la gran cúpula apoyada sobre 18 columnas (siempre me pregunté si era un número aleatorio derivado del cálculo estructural, o era un número simbólico... no lo sé) de mármol llamado popularmente "cipollino". ¿Por qué? Porque las vetas verdes sobre el fondo blanco lo asemejan a la piel de la cebolla.
Para el piso y las bases de las columnas se utilizó mármol llamado "Napoleón", de aire bien funerario, extraído de la isla de Paros en Grecia. Es el mismo tipo de mármol que se empleó en la tumba de Napoléon Bonaparte.
Un objeto curioso y con memoria propia lo podrás ver en el sector del sagrario, es una de las enormes "hostias" que se colocaron en las instalaciones y altares durante el Congreso Eucarístico del año 1934. Podés observar otra similar en la iglesia del Corazón Eucarístico de Jesús, en la calle Vicente López.

En cuanto a la cripta donde se ubica el sepulcro de la marquesa pontificia (y de su marido), su tamaño es francamente abrumador. Diría que es la cripta más espaciosa de Buenos Aires (aunque debería chequear esta percepción con el sumo pontífice de la arquitectura ecléctica porteña... o sea, con Julio Cacciatore. Cuando lo vea, le pregunto).




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